PADRES AGOTADOS, HIJOS DESBORDADOS: El costo de NO poner LÍMITES
Rosario Esparza
1/16/20262 min read
Vivimos en un mundo marcado por la prisa constante, donde la activación acelerada para cumplir con las demandas diarias se ha vuelto rutinaria. En este contexto, con frecuencia se hace evidente la ausencia de los padres para atender de manera consciente y sensible las necesidades emocionales de sus hijos.
Cuando los padres experimentan un alto nivel de agotamiento, suelen aparecer síntomas como cansancio extremo, irritabilidad y problemas de sueño. Este desgaste puede derivar en una desconexión emocional que afecta gravemente la relación con los hijos, debilitando el vínculo afectivo y la presencia emocional que estos necesitan para desarrollarse de forma saludable.
El agotamiento parental puede generar distanciamiento y dejar una herida significativa en la relación familiar, especialmente cuando existe poca disponibilidad emocional o, en algunos casos, una presencia prácticamente nula. Esta situación puede provocar en los hijos una sensación de abandono, con un impacto negativo en su desarrollo emocional, en la expresión del afecto y en la construcción de un vínculo basado en el amor y el cuidado mutuo.
Entre las consecuencias de estas ausencias emocionales se encuentran sentimientos de soledad, impotencia e inseguridad en los niños, así como, en muchos casos, dificultades académicas y una disminución de la motivación. Todo ello puede traducirse en un desbordamiento emocional que se manifiesta a través de conductas de aislamiento, comportamientos disruptivos o acciones inadecuadas, las cuales pueden llegar a vulnerar tanto la salud emocional como la física.
No poner límites ni brindar atención, tanto a nosotros mismos como a nuestros hijos, puede dificultar el desarrollo óptimo de una estructura de personalidad sólida y saludable. En la actualidad, muchas veces se prioriza ofrecer objetos o recompensas materiales en lugar de tiempo de calidad, escudándonos como padres en el cansancio, las múltiples ocupaciones o la necesidad de tener espacios personales. Resulta más fácil entretener que atender, distraer que acompañar.
Con frecuencia, la salida más rápida es dejarlos “libres” para que no molesten: sin supervisión, sin acompañamiento y sin atención emocional, porque implicar presencia activa requiere un esfuerzo adicional al que ya realizamos diariamente. Sin embargo, cuando revisamos el daño emocional que esta dinámica puede generar, se vuelve evidente la importancia de detenernos y replantear nuestras prioridades.
Hoy es tiempo de reflexionar, de aprender a realizar modificaciones conscientes y de dedicar más espacios al compartir genuino, sin distractores. Espacios donde se construyan ambientes de diálogo, donde podamos expresarnos, decir lo que sentimos y necesitamos, brindar ayuda y apoyo mutuo. Lugares donde se practique la escucha activa, se reconozcan los esfuerzos tanto de padres como de hijos, y se fortalezca la certeza de saberse amados, acompañados y visibles.
Educar no significa estar presentes todo el tiempo, sino estar disponibles emocionalmente cuando más se necesita. Poner límites, acompañar y escuchar no es una carga más, sino una inversión en el bienestar emocional de nuestros hijos y en la relación que construimos con ellos a lo largo de la vida. Ser padres visibles, conscientes y presentes es un acto de amor que deja huella, hoy y siempre.
Texto original de Ma. del Rosario Esparza Lucero, Psicóloga.
© 2025 María del Rosario Esparza Lucero.
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